Cuando recomiendes una lectura, indaga antes las necesidades de la otra persona. Tómate un tiempo en conocer la biografía lectora de tu interlocutor. Los lectores somos diversos.
En El increíble niño comelibros de Oliver Jeffers, Enrique quería comerse todos los libros porque le sabían sabrosos y sobre todo porque quería ser un chico muy inteligente, el más inteligente de la clase, más inteligente que sus profes, el más inteligente de todo el planeta. A mí me gustó leer este libro porque se juega con esa expresión de “comelibros”, que se dice de los que leen mucho y porque además es muy encantadora la historia de Enrique. Él tenía un objetivo como “devorador de libros” y pensé en este personaje cuando hace unas semanas coincidió que dos amistades me pidieron que les recomiende algunos libros.
Si eres “comelibros” en tu top de alegrías está conseguir un libro que estuviste buscando mucho tiempo, a continuación va que encuentres un libro que no sabías que existía pero cuando lo encuentras casualmente descubres que necesitabas, y seguidito a ello viene el que te pidan recomendación de un libro. Y es que en ese instante mucha de tu dedicación a la lectura cobra sentido al compartirlo con otra persona. Y quisieras recomendar tantos libros pero también te cuestionas la siguiente triada mágica: ¿y para qué quiere leerlos?, ¿qué podría gustarle?, ¿dónde conseguirá los libros?
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